Agradecer. Agradecer. Agradecer. Pfff… —sí, yo sé agradecer— pensaba, mientras mi mamá de linaje borraba los últimos apuntes en el pizarrón de la nueva oficina. ¿Del linaje? ¡Wow!
Sentada en una silla, de frente a la motocicleta de canjes que me modelaba de perfil, mi mente discutía millón y medio de certezas. Pero cuando ella me retó:
—¿Puedes escribir, ahorita mismo, cinco cosas que hayas agradecido hoy en la mañana? ¿Cómo van esos hábitos? ¿De qué estás llenando tu copa?—
…mi mente se quedó en blanco.
No es nuevo —me digo— todos los seres humanos fallamos, está en mi naturaleza. Siempre termino anteponiendo un razonamiento antes de dejar que la emoción me alcance. Y sí, es verdad: mis hábitos han estado muy chatos últimamente. Ya no soy la de antes…
Mis breves lecturas de Los Cuatro Acuerdos me alertan: “¡Aguas con hacerte la víctima!”
Esa tarde me traje mucha tarea: anotar cinco cosas por las que esté agradecida, cinco regalos que la vida me ha dado y cinco éxitos personales.
—¡Yo no puedo darme tiempo para escribir!— me quejé (o tal vez solo lo pensé).
Pero si yo, desde que conocí las sílabas ca y ma y pude unirlas en una palabra, supe que amo las letras, las historias, los cuentos. Amo escribir: en el rollo de papel, en las servilletas, en mis piernas —sí, en el baño— porque no podía perder tiempo.
Y un día el resultado fue que participé en una antología de poesía… y hace poco gané un certamen de cuento breve.
Ahí caí en la cuenta del miedo que tengo. Tal vez haya alcanzado un tope mental… o alguna lealtad familiar inconsciente. Pienso en los inventarios, en las constelaciones, en todo lo relacionado con lo astral, con Dios.
Ella —como si me leyera la mente— me hizo una lista y lo primero que resaltó fue la palabra RESPONSABILIDAD.
Esa es la verdad: yo sí sé muchas cosas. En teoría manejo el tema a ojos cerrados, pero si realmente lo tuviera tan consciente como presumo… no hubiera caído. Qué cierto.
Puedo hacerme la mártir y decir que no sabía el daño que me habían hecho mis ancestros, que estaba fuera de mi control. Puedo llorar.
Con sinceridad ¿qué ganaría con eso?
Este proyecto, este emprendimiento, es algo que llena mi corazón, lo ilumina y lo hace bailar. La simple idea de alcanzar mis metas me emociona tanto… que a veces me da miedo creer que lo merezco. Miedo a las alturas; e}esta vez me decidí.
Abrí este blog con la intención de apoyar mi emprendimiento, sin saber exactamente de qué iba a hablar. Me senté con la libreta abierta en el regazo, una segunda taza de café y la intención clara: escribir mi diario, meditar, y observarme con honestidad.
Cierto es que una energía nos hizo con un propósito y una personalidad únicos. Y que el trabajo de encontrarnos —entre el bombardeo mediático, las exigencias sociales y las necesidades básicas no resueltas— es una labor de todos los días.
Llámame loca, pero sí: quiero que este emprendimiento se base en pilares bien cimentados sobre el amor, la certeza y el merecimiento que me corresponde.
Gracias por leerme.
Pam
Añadir comentario
Comentarios
Así es mi niña hermosa, la magia de la gratitud es poderosa y la responsabilidad es algo muy necesario e importante para alcanzar las metas. Me encantó lo que escribes es un reflejo de lo que muchas vamos vivido o vivimos. Gracias por compartir. Te amo!