Reflexiones entre el té de jengibre, las tareas del día y el propósito que se fortalece cada vez que vuelvo a escribir.
Buenas noches, querido lector.
No tengas miedo: pretendo que mi escritura sea constante.
Hoy, primero que nada, quiero agradecer el favor de tu lectura, la salud cognitiva y fisiológica de mis hijos, la movilidad que me permite realizar todas mis tareas en casa —de mamá y de emprendedora—. También reconocer el gran regalo de la creatividad y la funcionalidad, y el regalo del apoyo de la pareja que tengo.
Tampoco me caería mal reconocerme a mí misma por el buen humor y la constancia en mi meditación matutina.
Ya realizado lo anterior, déjame contarte que no había considerado, entre mis múltiples talentos, la capacidad de organizar mis actividades de esta forma tan maleable y dedicada. Solo iniciando con un calendario de actividades semanales y la disciplina de obligarme las primeras semanas.
Esta semana, que mi niña está en reposo por una laringitis fastidiosa (que, por cierto, ya me contagió), pude seguir con las actividades que tenía en mi planner.
No he salido a reclutar, pero todos los días, a la salida y a la puesta del sol, me esfuerzo por ponerle buena cara. Mi negocio continúa, y además, me permite seguir desarrollándome desde casa. He implementado algunas estrategias que —esperemos— puedan verse reflejadas. Solo que, con el análisis que me hizo ChatGPT del tiempo estimado para los resultados, pues… serán unos tres meses. Me gustaría que fuera menos, que cualquier actividad me asegurara un resultado en tres días.
Pero este es el arte del emprendimiento: dirección, constancia, disciplina y toda esa bola de cosas de las que hemos venido platicando en lo que va del blog, que prometo seguir haciendo al día.
Hoy quisiera hablar de la serie Bridgerton y del papel tan importante que desempeña en mi inspiración laboral por estos días.
Y sí, también de TikTok, de las tendencias, de los días en que vimos a Penélope con Lord Bridgerton y nos estremecimos con el primer beso.
¿No es fantástico ver cómo una serie de actividades constantes —realizadas casi religiosamente, contra viento y marea— los llevó justo a ese momento que tanto soñaron?
Y cómo puedo verlo reflejado en mi emprendimiento. A ciencia cierta no me queda claro, pero me llena de esperanza saber que puedo matizar la vida con los colores y las emociones que más me gustan, solo con pincelar mis dedos sobre el teclado.
Ya que, si de redes se trata, todo esto me faculta para que el algoritmo lea las señales eróticas de mi cerebro y me lleve, poco a poco, a más y más videos que lo estimulan. Videos que hacen que mi cerebro reaccione y libere sustancias que, al contacto con mi mente reptiliana, hacen match.
Y elevan. ¿A poco no lo habías pensado así? ¿Será verdad que todas las decisiones que he tomado a lo largo de mi vida me han traído justo aquí?
Cuando pensaba que no hacía nada y que estaba siendo guiada por el infame poder de un Dios…
No lo sé.
Esta parte de empezar a hacerme responsable de mis consecuencias me trae de un ala. Viendo moros con trinchetes en todas partes, reflexionando sobre el mensaje que quiero darle a esta comunidad: que conecte conmigo, con mi linaje, con mi hija y mi marido; con lo que soy desde el principio y con la evolución de mi filosofía de vida. Qué padre que un emprendimiento me lleve a todo esto, ¿no crees?
Y hablando de filosofía: estuve escuchando sobre las relaciones México–Francia. ¡Qué maravilla! ¿Te imaginas ser un día —en alguna de todas las reencarnaciones que me toquen— presidenta? Que todo lo que haga me lleve a ese indudable resultado… y poder hablar sobre relaciones bilaterales en dos idiomas.
Yo creo que aún estamos a tiempo —a muy buen tiempo— de enderezar el camino, o por lo menos yo.
Gracias por leerme.
Y si crees que tu cabeza también va y viene de las noticias a las series románticas-eróticas,
bienvenido: eres uno de los míos.
💛
Pame.
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