Mamá, no necesitas hacerlo perfecto.

Publicado el 18 de noviembre de 2025, 23:36

Hábitos reales, para días reales.

Buenas noches, querido lector.
Quiero comenzar agradeciendo el placer de llegar a tu vida y el tiempo que dedicas a leerme.

Desde hace unos días traigo un tema dando vueltas en mi cabeza: los hábitos.
Sí, lo sé: si has visto mis publicaciones o mi página, puede sonar ligeramente repetitivo. Pero esta vez no hablo de hábitos perfectos, sino de esa encrucijada que atravesamos muchas mamás cuando intentamos aplicarlos a una vida real.

Tengo una bebé —bueno, "toddler", como dicen— de cuatro añitos, y un esposito estructuralmente machista (trabajador, responsable, con un lenguaje del amor básico: el dinero). No me estoy quejando; simplemente vivo la realidad de muchas mujeres. Por ejemplo, sé que “debería tender mi cama”, pero todavía en casa nos estamos organizando. A veces él, por su trabajo, duerme en la sala y yo con la peque. (Dato extra: gracias a mi emprendimiento, lo primero que pude canjear con mi monedero electrónico fue ¡una cama nueva! Así que, sí, la cama es de la bebé y el sillón es del papá.)

¿Y la mesa limpia? Con cuatro jóvenes adultos, más el señor de la casa y la peque… ehm, se puede, pero normalmente solo cuando nadie está. Lo mismo pasa con el fregadero.

No busco quejarme, ni justificarme, ni esconderme detrás de la famosa teoría de “todo lo que deberíamos mejorar”. Hablamos de hábitos, sí, pero también de realidad. Y necesito un eco: ¿te ha pasado?

Porque si no tengo cuidado, puedo caer en la codependencia del orden perfecto, controlando todo para mantener armonía… aunque

ese sistema no necesariamente sea sano ni sostenible. Y tampoco quiero caer en la resignación del “pues yo lo elegí así”. ¿Has escuchado esa frase alguna vez?

Suena mi despertador a las 5:30 a.m. y, honestamente, no siempre me siento positiva. Pero en vez de obligarme a saltar de la cama, elijo con sabiduría quedarme unos minutos más: ojos cerrados, respirando y agradeciendo. Hago una mini lista mental: mi peque y yo estamos calientitas, tengo internet, pijama limpia, un baño dentro de mi casa, mi fe… y con eso basta. Luego me levanto, tomo agua, me miro, me cuido.

Estoy aprendiendo a automaternarme, más allá de acompañar mis emociones con compasión: ahora también me doy permiso, descanso, ritmo y humanidad.

Y sabes qué entendí?
Que los hábitos en la maternidad no son listas perfectas pegadas en el refri. Son acuerdos flexibles que se acomodan a la vida real, al caos bonito, a los días buenos y a los que no tanto.
Sí se puede… pero a nuestro ritmo, con paciencia, con humor y con un poquito de amor propio cada mañana.

 

Gracias por leerme. 

Pam.

Valoración: 0 estrellas
0 votos

Añadir comentario

Comentarios

Todavía no hay comentarios

Crea tu propia página web con Webador