A veces el entusiasmo tambalea… y está bien
¿Te ha pasado que comienzas algo con ganas sinceras —no perfectas, pero reales— y de pronto las voces alrededor parecen decirte que no lo hagas, que no sigas, que “no vale la pena”?
Hoy amanecí un poco así.
Escribir nunca ha sido fácil para mí. A veces siento que es complicado sacar ideas de una mente llena de pendientes, deudas y desorden… como si la creatividad tuviera que nacer en salas silenciosas y no en medio del caos cotidiano. Y aun así, hay quienes piensan que los que escribimos funcionamos un poquito desde ahí, desde el revoltijo emocional.
Quizá no están tan equivocados.
Pero yo quiero emprender.
Quiero ganar dinero mío, aportar a mi casa, viajar con mis hijos, ayudarles a construir un futuro, sanar un pedazo de mí, crear hábitos que me sostengan y escribir… escribir porque me da paz y me acomoda el alma.
Alguna vez escuché que la disciplina le gana al entusiasmo, y sí, esa frase me dolió. Me hizo cuestionar si tener ganas servía de algo. Pero ya entendí que el entusiasmo es la chispa y la disciplina es el camino. Y ambos importan.
Llevo una lista de hábitos que marco cada día. Y aunque a veces avanzo lento, ver esas pequeñas marcas me da una satisfacción que no puedo negar. Es mi forma de recordarme que sigo aquí, que sigo intentando, que sigo creando.
Amo tener una voz.
A veces suave, a veces cansada, a veces luminosa.
Una voz que escribe lo que siente, incluso cuando lo que siente es agridulce.
Hoy que me lees, quiero que sepas que no es tiempo perdido. Es un recordatorio: no todo está bajo nuestro control (y está bien). Lo que sí podemos hacer es seguir, paso a paso, aun cuando el ánimo se nos doble un poquito.
Esto es apenas el inicio de los temas que vienen: educación emocional, financiera, hábitos, dudas… y esa forma tan humana que tenemos de seguir aprendiendo sobre la marcha.
Vale la pena continuar. Aunque sea despacio. Aunque hoy duela un poquito.
Gracias por estar aquí.
Con cariño,
Pam
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