Desde la nube negra.
Hay días en los que la vida me pesa distinto.
No es drama, no es pose: es un cansancio que se junta en el pecho, en los hombros, en las ganas. Un cansancio que no se quita durmiendo, sino entendiendo.
A veces me sorprendo pensando que debería poder con todo. Con mis hijos, con mis emociones, con mis pendientes, con mis expectativas… con las expectativas de todos. Y cuando no puedo, la culpa se me sube al cuello como si fuera un recordatorio de que sigo fallando.
Pero también sé esto:
la vida no viene con manual, y el corazón tampoco.
Hoy quise escribir porque la escritura me ha salvado más veces de las que reconozco. Me ha dado un espacio para nombrar lo que me
desborda, para sentarme con mi sombra sin sentir que tengo que esconderla. Aquí, en mis palabras, puedo ser yo sin filtros: cansada, sensible, humana.
Y en medio de todo lo que me pesa, también encuentro pequeñas luces.
A veces es una mirada de amor, a veces es una pausa inesperada, a veces es simplemente recordar que sigo aquí… incluso en mis días rotos.
Tal vez no siempre puedo con todo, y está bien.
Lo importante es que sigo regresando a mí, un pedacito a la vez, con la misma honestidad con la que escribo estas líneas.
Gracias por leerme.
Pam
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